La inflamación es parte de un complejo proceso biológico por el cual diferentes órganos, incluido el cerebro, se defienden de estímulos nocivos, tales como microorganismos patógenos, células dañadas o sustancias irritantes. Es una respuesta protectora que implica a las células del sistema inmunitario, a los vasos sanguíneos y a mediadores moleculares. La función de la inflamación es eliminar la causa inicial del daño celular, limpiar las células necróticas dañadas por el estímulo nocivo inicial e iniciar la reparación del tejido.

Una de las investigaciones más sugerentes de los últimos años muestra que es muy común la presencia de inflamación en el cerebro de las personas con autismo. Hay quien piensa que habría distintas causas que podrían generar un TEA pero luego todas confluirían en un proceso común que podría ser una inflamación crónica. Un proceso así podría ayudar a explicar las anomalías en las personas afectadas de un autismo porque la inflamación crónica puede tener un efecto beneficioso en sus primeras fases pero al mantenerse en el tiempo adquiere un perfil perjudicial y puede terminar dañando a las propias neuronas.
La relación con la inflamación también se ha visto en otros trastornos, como la depresión.

Hay otras evidencias de la importancia de la inflamación en el desarrollo del autismo. En un modelo en ratón se ha comprobado que si se produce una inflamación en ratas preñadas, las crías muestran algunos comportamientos parecidos a los del autismo, incluyendo evitación social, problemas de comunicación y comportamientos repetitivos. En cambio si se impide que se desarrolle una inflamación, bloqueando una proteína, la interleucina 17a, que actúa como mediador moleular, los animales no muestran esos comportamientos.

Un estudio publicado en Nature Comunications comparó la expresión génica en 72 cerebros, 42 de los cuales provenían de niños y adultos afectados de autismo y los otros 30 eran controles. Los investigadores buscaron la expresión génica en un tipo celular llamado microglía que es clave en la inflamación cerebral. Estas células son las patrullas de defensa del cerebro, destruyen a los microbios y a cualquier célula potencialmente peligrosa del sistema nervioso central y también se encargan de eliminar los restos de neuronas y otras células que pueden haber muerto a causa de una lesión o un proceso patológico.
Además, la microglía se encarga de podar y eliminar las sinapsis no funcionales, aquellas producidas en exceso durante el proceso de desarrollo y de las que sabemos que hay más de las normales en los cerebros de las personas con autismo.

TOMADO DEL BLOG JOSÉ R. ALONSO